Parte
de la historia de la salud en Colombia, se remonta desde la aprobación de la
ley 100 de 1993; siendo la reforma a la
salud que busca garantizar el cumplimento del derecho a la seguridad social,
para obtener la calidad de vida acorde con la dignidad humana.
Con
la norma, se despojó al Instituto de
Seguros Sociales (ISS) de su carácter monopólico sobre la afiliación,
cotización y prestación de servicios de salud, y entregando su administración a
las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) de los regímenes contributivo y
subsidiado respectivamente.
Así
mismo, se creó el Sistema de Seguridad Social en Salud con disposiciones en materia de pensiones,
salud y riesgos profesionales. Ha sido, una de las más reglamentada y
modificada.
La reforma da lugar a un sistema fundamentado en la
competencia regulada y la atención controlada; la salud empieza a
crearse como una mercancía o bien privado, que debe comprarse obligatoriamente.
Los servicios curativos se someten a las leyes del mercado y generan una
asistencia sanitaria diferenciada, en la que cada persona recibe la atención de
salud que puede pagar. Lo que me lleva a
cuestionamientos ¿a dónde quedo la
calidad?, ¿Por qué yo no la percibo? ¿Qué pensamos del gasto público en salud? (…)
Tristemente lo que piensa Arrow [1963]: “La
salud no puede ser vista como una mercancía cualquiera, en razón de que posee
características que hacen de ésta un bien especial”. No obstante, esto no es
cumplido en esta sociedad que busca la sinergia del bien común.
Fragmentos de ensayo, autora: Cristina G.



